Arqueología de las falleras

Ya son Fallas. Y en Fallas a todo el mundo le surgen muchas dudas, algunas de ellas verdaderamente trascendentales. ¿Quién conseguirá imponerse a quién: el olor a pólvora o el del aceite refrito de las churrerías? ¿Por qué la mascletà tiene el mismo efecto sobre las personas que el virus de The Walking Dead? ¿Acabarán las luces de Russafa por provocar un apagón eléctrico en toda la ciudad? ¿De quién fue la idea de personalizar polares falleros?

La respuesta a muchas de estas preguntas puede encontrarse en la arqueología. Hoy nos centraremos en dos cuestiones que creo que son fundamentales y que sin duda certifican la herencia milenaria de las fallas y, en concreto, de las falleras.

La primera de ellas es: ¿de dónde viene la manera de dormir de las falleras?

Todo el mundo sabe que ser fallera implica hacer muchos sacrificios y uno de ellos es dormir poco y mal. ¿Cómo hacer lo contrario con tanto moño, peineta y aderezo? No, amigos y amigas, el peinado de fallera no es un casco de quita y pon, sino que hay que apechugar con él durante todos los días de la fiesta. Lo cual les obliga a dormir de una manera especial, consistente en la disposición semi-incorporada del cuerpo, con brazos entrecruzados sobre el pecho y cabeza totalmente rígida, mostrando un ictus recio y somero. ¡Ay de quien se encuentre, sin esperarlo, con una fallera durmiendo! Algunos dicen, incluso, que son capaces de dormir sin cerrar los ojos. Pero vayamos al grano. Es evidente que la manera de dormir de las falleras tiene un claro referente en la antigüedad: el de las momias egipcias.

 

Cleopatra durmiendo y fallera de Valencia durmiendo

Una postura milenaria

La segunda duda, que más bien es una certeza, seguro que se os ha pasado alguna vez por la cabeza: ¿son las falleras primas-hermanas de la Dama de Elche? Está clarísimo que sí. Esos rodetes, esa peineta, ese gesto, esa mirada serena y desafiante. Todo son evidencias, aunque los expertos traten de ocultárnoslo. ¿Por qué creéis que las grandes damas encontradas en nuestras tierras llevan esos rodetes tan bien labrados y las de fuera no? Pues está clarísimo: porque eran falleras. Y que no se molesten los alicantinos, pero por aquel entonces Les Fogueres de Sant Joan todavía no existían. ¿Acaso la Dama de Elche parece una bellea del foc? Indiscutiblemente, no.

Que hagan algún día la prueba: que pongan a la Dama de Elche en el balcón del Ayuntamiento durante una mascletà o en la falla de Na Jordana el día de la cremà. Veréis como de sus pétreos párpados se desliza alguna lágrima, como si de una manifestación mariana se tratase. Y ojo que no sean lágrimas de horchata. Que hagan la prueba ya, y que dejen de engañarnos. Y que la devuelvan los de Museo Arqueológico Nacional de Madrid, que ya está bien. Y que cada año pueda estar en un casal fallero. Todavía más: que cambien a la descomunal maredeueta de la Plaza de la Virgen por una gran Dama de Elche –la Dama Ibera de Manolo Valdés, la de la rotonda del Mediamarkt, serviría. ¡Veréis cómo le queda el manto de flores!

 

La Virgen de los Desamparados de Valencia con cabeza de Dama Ibera de Manolo Valdés

La Maredeueta d’Elx

 

Conclusión: iberos y egipcios tuvieron estrechos contactos desde la más remota Antigüedad y las falleras existen desde que los iberos hablan valenciano. O sea, desde siempre.

¡Felices Fallas!

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