Dama nouveau, Dama decó

Seguro que todos conocéis o habéis oído hablar de la Dama de Elche. Es, si no la más, una de las piezas arqueológicas más populares en España. Pensaréis, además, que el nombre le viene como anillo al dedo: es una dama y apareció en Elche, por tanto no hay más vuelta de hoja. Ahora bien, seguro que no sois tantos los que sabéis que en el momento de su descubrimiento, allá por 1897, fue bautizada con un nombre muy distinto.

Reina Mora. Así la llamaron los oriundos. Esto, que a priori suena muy de las fiestas de moros y cristianos, fue muy común en toda la Península Ibérica durante los siglos XIX y XX: los restos arqueológicos a menudo eran interpretados por la gente como «restos de moros», pues en el imaginario colectivo estaba presente la idea de que, antes de su expulsión en el siglo XVII, los moriscos habían escondido sus tesoros bajo tierra.

Pero el título de Reina Mora le duró poco: unos días después del hallazgo, el arqueólogo francés Pierre Paris la compró y la trasladó al Museo del Louvre, donde permaneció hasta 1941. Como era de esperar, el cambio de residencia tenía que acabar afectándole, pues no era lo mismo habitar un pequeño pueblo como Elche, en un país todavía visto desde Europa como exótico y folclorista, que residir en París, una de las grandes capitales europeas que, además, vivía el dulce momento de la Belle Époque.

Lo cierto es que «Reina Mora» no sonaba suficientemente sofisticado, así que pronto fue rebautizada como «Dama». Con su nuevo nombre, su mirada ensoñada, sus abalorios orientales y su factura alejada del clasicismo, la Dama de Elche no tardó en cautivar a una burguesía parisina que quería romper con los cánones de la herencia clásica, y anhelaba referentes más exóticos y preferentemente femeninos. De ahí que sirviese como inspiración de algunos carteles e ilustraciones afines al nuevo gusto burgués, el art nouveau, siempre evocando figuras y personajes orientales.

 

Cartel del 25 centenario de la fundación de Marsella con mujer con tocado de Dama de Elche

Cartel conmemorativo del XXV centenario de la fundación de Marsella, obra de David Dellepiane (1899)

 

La Danseuse, pintura de Rochegrosse que representa a una mujer fenicia con tocado de Dama de Elche

‘La Danseuse’, pintura de George Rochegrosse (1901 aproximadamente) en la que se representa a una princesa fenicia

 

Portada de la novela Salammbo de Flaubert con princesa ataviada como la Dama de Elche

Ilustración de Rochegrosse para la novela ‘Salammbô’ de Gustave Flaubert (1900), en la que se narran las historias de una princesa cartaginesa.

 

Además del cambio de nombre, la estancia en París –y en concreto en una institución tan importante como el Museo del Louvre– garantizó que la Dama de Elche se hiciese más y más popular. Ese reconocimiento internacional fue fundamental para que desde España se le comenzase a mirar con otros ojos y para que se multiplicasen las voces que lamentaban el haberla dejado marchar.

A partir de entonces la Dama fue reproducida en multitud de formatos, amoldándose a las nuevas corrientes artísticas, y por supuesto no dejó de estar presente en los carteles publicitarios. Con el art decó, la Dama de Elche ya no inspiraba personajes orientales sino que se afirmaba en su condición de busto, revistiéndose de geometrismos y de un aspecto casi industrial. Y a través suyo se conseguía promocionar todo tipo de acontecimientos: desde exposiciones y congresos hasta fiestas locales.

 

Cartel de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929 con busto de Dama de Elche

Cartel de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929

 

Cartel del Patronato Nacional de Turismo de 1929 que utiliza la Dama de Elche para promocionar Valencia

Cartel del Patronato Nacional de Turismo de 1929

 

Cartel de las fiestas patronales de Elche de 1929 con Dama de Elche

Cartel de las fiestas patronales de Elche de 1929

 

Cada vez era más evidente que la Dama no solo era tenida en consideración por su valor estético y arqueológico, sino también por el identitario: su presencia reforzaba el vínculo con lo español, lo valenciano o lo ilicitano, convirtiéndose en un símbolo de pertenencia, sobre todo a raíz del regreso del busto a España en 1941.

Y así ha seguido siendo hasta la actualidad. De hecho, si os dais una vuelta por Elche, encontraréis a la Dama promocionando, a través de la cartelería, infinidad de productos y eventos. Pero eso ya es otra historia sobre la que seguro que volveremos en otra ocasión.

En cualquier caso, la Dama de Elche es un buen ejemplo de cómo un objeto arqueológico acaba desarqueologizándosepara satisfacer otras necesidades, enre ellas las artísticas.

 

No Comments Yet.

What do you think?

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *