¡Más Saturnales y menos Navidades!

La Navidad es una fiesta de sentimientos encontrados. Algunos adoráis las luces, los regalos y los encuentros familiares. Otros no soportáis la felicidad de postín ni el consumismo llevado al extremo. Pero no os preocupéis, porque tanto unos como otros sois bienvenidos en este post. ¿El motivo? Que hay algo que debéis saber: muchas de las cosas que hacemos en Navidad no son una importación de los EEUU, ni siquiera una invención de El Corte Inglés.

Es mucho mejor que todo eso: nos vienen de época romana.

Cada año, entre el 17 y el 23 de diciembre, los romanos celebraban las Saturnales, una de las grandes citas del calendario festivo, dedicadas a Saturno aka dios de las cosechas. Esta fiesta coincidía con el solsticio de invierno, que era el que marcaba el fin de un año y el comienzo de otro.

Seguro que pensaréis que, hasta aquí, las Saturnales se parecen más bien poco a las Navidades, excepto por las fechas, que además tampoco llegan a coincidir del todo con las nuestras. Pues permitidme que os corrija. Ahora os explicaré, paso a paso, por qué.

1) ¿Os parece que eso de las grandes comilonas acompañadas de regalos es algo muy navideño? Nada que ver. Durante los días que duraban las fiestas, los romanos organizaban comidas familiares por todo lo alto, en las que regalaban muñecos de barro –literal, no figurado– a los niños y velas a los amigos.

La alegría de las Saturnales.

2) ¿Pensáis que el aguinaldo es cosa de hace dos días? Pues estáis equivocados. Las Saturnales eran muy esperadas por todos, pero si existía un grupo deseoso de celebrarlas, ese era el de los esclavos. Con la fiesta los roles se invertían y, al menos por unos días, se despreocupaban de sus obligaciones y podían sentarse a la mesa junto a sus amos; incluso eran servidos por ellos y llegaban a tomarse la libertad de insultarles. Ahora, que prepárate para el varapalo post-Saturnales. Lo interesante es que los señores les daban una paga a los esclavos que podía ser en monedas o en vino… ¡Y sin necesidad de cantar villancicos!

3) ¿Creéis que las vacaciones escolares y la paralización de muchos de los servicios habituales solamente os plantea situaciones conflictivas a vosotros? A diferencia de otras fiestas romanas, las Saturnales iban acompañadas del cierre de escuelas, de tiendas –vale, en esto no somos del todo iguales–, de tribunales y del propio senado. Eran un paréntesis en toda regla.

4) ¿Y lo de vestirse con las mejores galas el día de Navidad? Los romanos y las romanas reservaban para las Saturnales sus modelitos más selectos, conocidos con el nombre de synthesis o cenatoria, que eran ropajes de colores muy vivos que solo sacaban del armario en fechas señaladas. Vamos, como en Navidad, cuando la gente expresa lo mejor de sí misma gracias al terciopelo y al brilli-brilli.

Preparadas para las Saturnales.

5) Y lo mejor de todo: ¿pensáis que eso del roscón de reyes es algo muy nuestro? Pues atención: las familias romanas preparaban un dulce de frutos secos y miel en el que introducían una haba seca. Quien encontraba el haba era nombrado príncipe de las Saturnales y todo el mundo debía obedecerle. ¿Os suena de algo?

Todo este jolgorio se debe a que las Saturnales evocaban la añorada Edad de Oro de la Humanidad, cuando reinaba el dios Saturno y todo era alegría, paz y felicidad, y no existían las diferencias sociales ni las penurias del trabajo. Como recuerdo de ese pasado perdido, a lo largo de los siete días que duraba la fiesta todo estaba permitido. Era un pequeño caos necesario para renovar el orden, una especie de válvula de escape antes de acabar el año, para luego empezar con las mejores intenciones y volver a lo preestablecido. Como una mezcla de Navidad y Carnaval.

Que nuestra Navidad se parezca a las Saturnales tiene una posible explicación, y es que fueron tan populares que el cristianismo, cuando se convirtió en religión oficial, tuvo que amoldarse a ellas para conseguir que su propia festividad tuviese éxito. De hecho, en el siglo III d. C. empezó a tener un papel protagonista el dios Sol Invicto –que ya auguraba un cierto monoteísmo–, cuyo día grande era el 25 de diciembre: una fecha que sería acoplada por el cristianismo para marcar el nacimiento de Jesucristo.

Ahora, que una cosa os voy a decir: ya puestos, y vistas las coincidencias, yo prefiero evitarme los villancicos y el discurso del rey y celebrar la Navidad con banquetes, túnicas de gala y fiebre carnavalesca, gritando aquello de Io Saturnalia! (¡Que vivan las Saturnales!).

En vuestras manos está cambiar esto…

Mariah Carey y Justin Bieber en un trineo celebrando la Navidad

El rey Felipe VI en el tradicional discurso de Nochebuena

…por esto…

Pintura con representación de las Saturnales romanas

Grabado con escena de banquete

Vosotros diréis.

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