Carta abierta a los Reyes Magos

Queridos Reyes Magos:

Ayer decidí darme una vuelta por algunas tiendas con el propósito de analizar con ojos inquisitivos –como siempre– las posibles referencias al pasado y a la arqueología en los juegos que seguramente ya estéis cargando en vuestros camellos (¿o eran dromedarios?).

 

No vayáis a pensar que fue una búsqueda súper exhaustiva, porque seguro que hay muchas más cosas de las que pude encontrar. Más que nada pretendía ver, así por encima, cómo se representa el pasado en los juguetes y cuáles son las épocas y los personajes más utilizados por los fabricantes. Porque, queridos Reyes Magos, los juguetes son un potente recurso para perpetuar estereotipos, no solo sobre género, que es lo más visible, sino también sobre cuestiones como la historia.

 

 

Lo primero que debo deciros es que hay más bien pocas cosas que tengan que ver con el pasado y muchas menos con la arqueología. Porque claro, ¿quién va a competir con Frozen o Peppa Pig? Por no mencionar a Barbie Malibú. El pasado ha quedado relegado a puzzles, figuritas y algún que otro juego de mesa. Ahora, que lo que se busca, según veo, no es aprender sobre él, sino más bien que sirva como escenario de algún tipo de aventura o de manualidades.

De entre todas las épocas, la preferida es indiscutiblemente la Edad Media. Los caballeros de Playmobil, los juegos de rol que recrean aldeas controladas por crueles señores feudales, los castillos esperando ser construidos, las princesas… son los más frecuentes. En ellos, además, siempre se mezcla lo real con lo fantástico, y no es extraño encontrar desde dragones hasta todo tipo de personajillos extraídos de las sagas de Tolkien y derivados.

También son habituales los juegos que tienen a los vikingos como protagonistas. Y esto, queridos Reyes Magos, me ha sorprendido un poco, al menos al principio. Sobre todo porque hay más cosas de vikingos que, por ejemplo, de romanos o griegos, que en principio son mucho más conocidos pero que, al parecer, se prefieren guardaditos en libros de divulgación. Luego, pensándolo mejor, me ha parecido que esto era comprensible porque los vikingos, como todos sabemos, son brutos y aventureros. ¿Qué niño puede resistirse a eso?

 

En los juegos que pude ver, los vikingos están más que estereotipados: los protagonistas siempre son esos guerreros rechonchos y barbudos, pertrechados con hachas y cascos con cuernos, acompañados casi siempre del famoso drakkar –el barco vikingo con proa en forma de animal y velas de rayas. No hay más vuelta de hoja, y da igual que hablemos de juguetes, de galletas de mantequilla o de etiquetas de cervezas: esa es la imagen arquetípica del vikingo.

Pero como bien saben mis followers, y con un poco de suerte también vosotros, los Reyes Magos, a mí me interesa más indagar sobre la antigüedad y la prehistoria. Continué rebuscando entre los estantes tratando de retroceder más en el tiempo y, tal y como esperaba, la palma se la lleva Egipto. Eso tampoco tiene vuelta de hoja y podéis ir a contárselo a vuestras amistades: los antiguos egipcios siempre son los más queridos. El misterio y el exotismo siguen vendiendo a raudales y la industria juguetera se aprovecha del tirón.

Lo llamativo es que parte de los juegos ambientados en el antiguo Egipto tienen una cosa en común, y es que son juegos de pruebas, trampas y resolución de enigmas. ¡Sorpresa! Igual que en las películas y series de televisión sobre el mundo egipcio, donde los protagonistas deben sortear todo tipo de obstáculos en el interior de las pirámides y descifrar jeroglíficos imposibles para poder salir con vida. Todo muy propio de esas aventuras coloniales y románticas del siglo XIX que tanto siguen pesando en nuestro imaginario colectivo.

 

 

Pero Egipto también tiene que ver con el arte y con una estética que ha calado hondo en el mundo occidental, por eso algunos de esos juguetes consisten en manualidades para imitar el refinado arte egipcio y reproducir algunas de sus piezas más emblemáticas.

La Prehistoria tampoco puede faltar, aunque vosotros, queridos Reyes Magos, seguramente no creáis en ella. Pero eso no debería ser excusa para que regaléis juegos de ambientación prehistórica. Aquí debo deciros que me sorprendió lo que encontré. Por un lado, la marca Eduland vende unos packs de figuritas de plástico llamados ‘Hombre de Neandertal’ que merecen un poco de atención. Ya sé que vosotros, los Reyes Magos, ahora estáis muy por eso de la igualdad y lo trans en las cabalgatas, pero no os dejéis engañar por el a priori limitado nombre del juguete: en su interior hay dos figuras humanas, un hombre y una mujer, y los dos van igual vestidos. Y lo mejor de todo: ambos llevan armas. ¡Aleluya! ¡Por fin mujeres que hacen algo más que amamantar a sus hijos o preparar la comida en el interior de la cueva!

 

 

Otro juego, el Cro-Magnon Rrrevolution, me llamó la atención por ser diferente al resto: un juego de mesa divertido, de los de hacer gestos y superar desafíos con mucho humor y risas de por medio. Ahora, lo que todavía está por ver es el contenido, pero por el momento eso de desembalar cajas y cotillear en la propia tienda no me animo a hacerlo.

 

 

Lo que debo reconocer que me faltó encontrar son juegos relacionados no tanto con el pasado, sino con la profesión de la arqueología. ¿Qué fue del Arqueonova fomentando el ansia por encontrar objetos arqueológicos? Para mi disgusto, el único “juego de desenterrar cosas” con que me topé fue este: ‘Archeo Dino’, para despertar la vocación arqueológica de los más pequeños desenterrando… ¡dinosaurios! Sin duda otro clásico que nunca falta. Pero creedme, queridos Reyes Magos: cada vez que regaláis algo así, muere un gatito del templo de Karnkak.

 

 

Así que, queridos Reyes Magos, si vais a regalar pasado y arqueología, hacedlo con conocimiento de causa. Piedra está aquí para solucionar todas vuestras dudas. Y, sobre todo, pensad que lo de Frozen es pasajero, pero lo de los egipcios es para siempre.