Cleopatra, shantay you stay!

Si lo único que has entendido del título de este post es Cleopatra, necesitas que te explique unas cositas antes de entrar en materia. Si lo que te suena es todo menos Cleopatra, entonces tenemos que trabajar un poco tus referentes. Si, en cambio, lo tienes todo clarísimo, relájate y disfruta: este es tu sitio.

Me voy a poner seria. ¿En serio no has escuchado nunca hablar de RuPaul? Lleva unas cuantas décadas siendo el referente del universo Drag Queen a escala mundial. Sin entrar en los pormenores de su exitosa carrera en el show business, debes saber que desde hace más de diez años dirige un reality en Estados Unidos que ha catapultado la cultura drag del underground al mainstream. Se trata de Rupaul’s Drag Race, y la semana pasada comenzó a emitirse la edición especial All Stars 4.

RuPaul, la matriarca de las Drag Queens.

En el programa, las concursantes compiten por alzarse con el título honorífico de America’s Next Drag Superstar (además de un jugoso premio en metálico y toneladas de maquillaje Anastasia Beverly Hills) a través de hilarantes pruebas de costura, interpretación, lip syncs –nuestro playback de toda la vida– y, por supuesto, desfiles de pasarela.

Con este formato, RuPaul ha conseguido popularizar en Estados Unidos y en otros países una estética, unos referentes, una música e incluso unas expresiones («shantay you stay» quiere decir que superas la prueba de eliminación) de una cultura muy estigmatizada. Y, lo más importante, ha sensibilizado a la audiencia sobre el tema.

Pero no os estaría echando esta chapa si no fuese porque la arqueología asoma por algún lado. Modelar unos personajes tan grandilocuentes requiere, en ocasiones, de echar mano del pasado. Y os preguntaréis: ¿acaso puede haber existido una civilización antigua que encarne tan bien la extravaganza inherente a las drags? La respuesta, una vez más, está en el Nilo.

Ya expliqué en una ocasión que las chonis del presente son fiel reflejo de las egipcias del pasado. Pero cuando esa Egyptian realness se lleva al límite del exceso, entonces se convierte en drag. Al fin y al cabo, la iconografía egipcia no deja opción a la duda: bien de oro y maquillaje, mucha carne a la vista, posturas imposibles y caidita poco sutil de párpados.

Shea Couleé RuPaul Drag Race

Shea Couleé (Temporada 9) a lo reina del Nilo.

Naomi Smalls Shea Coulée egipcias RuPaul Drag Race

Naomi Smalls (Temporada 8) y Shea Coulée en su discreta cámara funeraria.

Otras veces, cuando pretenden ser más minimalistas –si es que ese concepto se puede aplicar al drag– recurren a la estética grecorromana. Una túnica bien escotada con raja lateral es apuesta segura, y los complementos del tipo diademas, cetros y liras ayudan a completar el concepto «diosa del Olimpo», irrenunciable para cualquier diva que se precie.

Ahora bien, rara sería la drag que se andase con remilgos históricos: si hay que renunciar a un referente, que sea por falta de gloss, no por su adscripción cronocultural. Si no os lo creéis, echad un vistazo a esta prueba en la que las concursantes hicieron un musical sobre las zorronas más top de la historia, desde Eva y Helena de Troya hasta Evita Perón y Lady Di. Toda una lección de herstory.

Total, que el pasado también puede ser objeto de draguización y no hay época de la historia que se resista al glamour de las pelucas y el relleno. Y falta que hace. Como dice nuestra querida RuPaul en una de sus frases legendarias: «Gentlemen, start your engines, and may the best woman… win!».