…and Venus was her name!

 

Dos imágenes se entienden mejor juntas. Al menos eso se dice en redes para referirse a dos cuestiones que a priori no tienen nada que ver pero que, poniéndolas frente a frente, destapan una conexión profunda. Hoy os traigo algo parecido.

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Estos días ha pululado por internet la noticia de un importante hallazgo de época romana en Mérida. En una tumba del siglo I de nuestra era se encontró, en el año 2000, una vieira con una llamativa bola de color rosa. Ahora se han publicado los resultados y resulta ser un cosmético hecho a base de granza, una planta de raíz colorante.

No es la primera que se documentan restos de cosmética de época romana. En 2003, por ejemplo, se encontró en una excavación arqueológica en Londres este fantástico bote con restos de crema para la cara, fabricada con grasa animal, almidón y óxido de estaño. La imagen resulta bastante familiar, ¿no?

El maquillaje era una práctica habitual entre las mujeres y algunos hombres en la sociedad romana. Existen, de hecho, textos que hablan sobre este hábito: «Pues nosotras sin interrupción desde la Aurora hasta este momento, ambas nunca cesamos deliberadamente de lavarnos, restregarnos, frotarnos, o embellecernos, cepillarnos, pulirnos, pintarnos, maquillarnos», tal y como relata Plauto en su obra Poenulus (I, 2).

Pero volvamos al caso de Mérida. La vieira es, por su forma, un más que apropiado estuche natural para guardar el maquillaje. Si os paráis a pensar, las cosas no han cambiado tanto en todo este tiempo.

Pero en esta historia interesa sobre todo el símbolo. La concha es uno de los principales atributos de Venus. Según la versión light del mito –la hardcore habla de castraciones y semen marino–, la diosa del amor y la belleza nació de una concha mecida por el mar que arribó a la isla griega de Citera.

Fresco de la Casa de la Venus de la Concha, Pompeya, s. I a. C.

Por eso, a lo largo de la historia, las representaciones del nacimiento de Venus han ido acompañadas del bivalvo primigenio y el mar, desde los frescos romanos, pasando por archiconocidas pinturas renacentistas, hasta llegar al pop español: ¿Quién iba a pensar que Danza Invisible cantaría a la Venus Anadiomena con el verso «Venus salida del mar» de su hit ‘Sabor de amor’?

Con concha o sin ella, en el imaginario occidental Venus es, como lo fue en la Antigüedad, la encarnación de la belleza y la sensualidad, algo que ha sabido aprovechar la industria cosmética. Solo con utilizar su nombre o una imagen representativa, la diosa evoca toda una serie de cualidades que funcionan como claiming para el consumo.

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Y no penséis que esto es cosa del siglo XXI. Ya a finales del XIX y principios del XX existían anuncios y marcas de cosméticos con Venus como protagonista.

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Quizá el más popular de todos los usos que se han hecho de la diosa del amor en el ámbito del cuidado corporal, sea el de las cuchillas de Gillette. ¿Recordáis aquellos pegadizos anuncios de chicas sonrientes en la playa, coreografiando la felicidad que les producía lucir piernas perfectamente depiladas, mientras sonaba de fondo ‘Venus’ de Bananarama? El eslogan «¡Descubre la diosa que hay en ti!» lleva años funcionando en la televisión.

 

Como podréis imaginar, la segunda foto de la comparativa con la que comenzaba este post encaja perfectamente en este tradicional maridaje de Venus y cosmética. Se trata de un estuche de maquillaje vegano de la marca Lime Crime, en cuya tapa se representa a la Venus de Botticelli pasada por el filtro del pop art. Aunque el zoom se pone en el busto de la diosa, no se pierde de vista la famosa concha, que en el cuadro original está a sus pies y aquí sirve para enmarcar el rostro.

Pensad ahora en la vieira de Mérida. Venus, belleza, concha y maquillaje. El vínculo entre el hallazgo en cuestión y el set de Lime Crime no es directo, pero desde luego habla de lo viva que sigue la herencia clásica en nuestro tiempo.

Si al final será verdad eso de que dos imágenes se entienden mejor juntas…

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