Edificios condicionantes

Los pueblos y ciudades donde vivimos han sido modelados a lo largo de los siglos a través de conquistas, destrucciones, repoblaciones y reformas, y de todo ello ha quedado huella en la trama urbana. No tenemos más que husmear en Google Maps para adivinar distintas maneras de entender la ciudad, desde los tortuosos callejones de los cascos medievales hasta los planos reticulados de los ensanches del siglo XIX. Pero, ¿qué nos queda de las ciudades de la Antigüedad?

Las trazas de las ciudades antiguas son mucho más difíciles de identificar, ya que las remodelaciones urbanas las han eliminado casi por completo. Sin embargo, hay construcciones antiguas tan monumentales que han conseguido sobrevivir al paso del tiempo, a pesar de que no se conserven en su forma originaria. Me refiero a los grandes edificios de espectáculos de época romana: teatros, anfiteatros y circos.

Tras la descomposición del Imperio Romano, estas obras cayeron en desuso, pero no fueron destruidas, sino reutilizadas, amoldándolas a las necesidades de las nuevas ciudades, hasta el punto que acabaron convirtiéndose en auténticos fósiles urbanos.

Italia es, como podréis suponer, un país ideal para observar este fenómeno tan particular. En muchas de sus ciudades podemos adivinar con facilidad dónde se ubicaron esas grandes construcciones romanas. En Pollenzo (Piamonte), por ejemplo, las casas del llamado Borgo del Colosseo delimitan a la perfección el área del anfiteatro de la antigua Pollentia. 

Imagen aérea de Pollenzo Italia con evidencia del anfiteatro romano en la trama urbana

La huella del anfiteatro de Pollenzo.

Algo muy similar ocurre en Venafro (Molise), donde el espacio que ocupaba la arena del anfiteatro se ha mantenido bajo la apariencia de una plaza.

Imagen aérea de Venafro Italia con evidencia del anfiteatro romano en la trama urbana

La plaza de Venafro en el lugar donde una vez estuvo la arena del anfiteatro.

Mucho más conocido es el ejemplo de la Piazza Navona de Roma, cuya forma está totalmente definida por el antiguo stadium de Domiciano.

Imagen aérea de Venafro Italia con evidencia del anfiteatro romano en la trama urbana

El estadio de Domiciano fosilizado en la trama urbana de Roma.

En otros casos, la persistencia de estos edificios es menos evidente porque han sido completamente engullidos por la ciudad. Pero si nos fijamos en la orientación de determinadas calles y en las peculiares formas de algunas manzanas, podemos acabar intuyéndolos. Así, en Florencia se ve sin problemas la forma elíptica del anfiteatro, que con el paso del tiempo se pobló de casas y quedó diseccionado por dos calles principales, configurando una trama urbana bastante curiosa.

Imagen aérea de Florencia Italia con evidencia del anfiteatro romano en la trama urbana

Anfiteatro integrado en la trama urbana de Florencia.

De igual modo ocurrió en Nápoles, donde, además, las gradas del teatro asoman entre algunas de las viviendas.

Imagen aérea de Nápoles Italia con evidencia del teatro romano en la trama urbana

Un teatro romano insinuándose en Nápoles.

Finalmente, tenemos algunos ejemplos de teatros y anfiteatros que fueron fagocitados por la ciudad durante la Edad Media y Moderna, pero que en los siglos XIX y XX fueron recuperados, casi siempre a costa de la destrucción de los edificios medievales superpuestos, considerados poco dignos. ¿El motivo? El empuje del nacionalismo en el siglo XIX, que animó al estado –italiano en este caso– a desempolvar monumentos para mostrar el poderío de la nación. Y más recientemente, en el siglo XX, el creciente peso del turismo y la necesidad de crear nuevos reclamos para los visitantes.

Uno de los ejemplos más conocidos es el de la Piazza dell’Anfiteatro de Lucca (Toscana), que hasta el siglo XIX –cuando se iniciaron las obras de demolición– estuvo cuajada de viviendas, con una imagen muy distinta a la que ofrece en la actualidad.

Imagen aérea de Lucca Italia con evidencia del anfiteatro romano en la trama urbana

El molde del anfiteatro de Lucca

En ese mismo siglo, y con las mismas intenciones, en Arles (Francia) se inició la destrucción sistemática de las casas que habían ocupado la arena y las cáveas del antiguo anfiteatro romano, de las que tenemos constancia a través de algunos grabados.

De contenedor de casas…

…a monumento visitable.

En Catania (Sicilia), la peculiar ordenación de una serie de calles del centro histórico dio a entender que habían sido construidas siguiendo la estructura del teatro romano. Dicho y hecho, a partir de los años 50 del siglo XX y, sobre todo, durante las últimas décadas, las obras de demolición sacaron a la luz el antiguo edificio.

El teatro de Catania en los años 30.

El teatro de Catania en la actualidad.

Un último y precioso ejemplo lo constituye el teatro de Sepino (Molise), cuyo perímetro fue ocupado por casas de labranza hasta bien entrado el siglo XX. Fue entonces, en los años 70, cuando se iniciaron las excavaciones arqueológicas para recuperar las gradas y la orquesta:

Sepino antes de la recuperación del teatro romano.

Sepino tras la recuperación del teatro romano.

Todos estos ejemplos hablan de las distintas maneras en las que las ciudades y sus gentes dialogan con el pasado. Hay casos de clara integración, pero los ejemplos del último grupo deberían hacernos reflexionar. Viendo las imágenes seguramente pensaremos en lo positivo de recuperar esos magníficos anfiteatros y teatros romanos. Pero, ¿qué pasa con ese otro patrimonio que descansaba sobre estos edificios? Y, sobre todo, ¿qué pasa con las personas que fueron apartadas de sus casas con la excusa de la recuperación?

Perdonad, pero me voy a poner en modo reivindicativa: parece que a veces la arqueología, escudándose en la necesidad de conservar el patrimonio, no se plantea las consecuencias que su intervención tiene sobre el entorno, en especial sobre las personas.

Podemos poner un ejemplo muy claro de los ya vistos, el del teatro de Sepino, en el que la intervención arqueológica es más reciente. Como explica Franco Valente, uno de los arquitectos del proyecto original, hasta el momento en que se decidió poner en valor el teatro, las casas superpuestas al edificio estaban habitadas por familias que, durante generaciones, habían convivido con los restos romanos. Ese espacio lleno de vida fue sustituido por un espacio muerto, acondicionado exclusivamente para el turismo. De hecho, al final las familias abandonaron sus hogares y las casas fueron convertidas en el actual museo arqueológico.

La pregunta entonces es: ¿vale todo en nombre del patrimonio?

 

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