Antiquity is coming

Se acerca el estreno de la octava y última temporada de la serie Juego de Tronos, y mientras la mayoría os preguntáis si la Khaleesi y Jon Snow formarán un matrimonio bien avenido, a mí me intriga otra cosa bien distinta.

Juego de Tronos es una de las series de mayor éxito de los últimos tiempos. El ritmo, el magnetismo de muchos de sus protagonistas, los giros inesperados y las grandes dosis de sexo y violencia, explican, en parte, su gran aceptación a nivel internacional.

A esto hay que añadir, además, los tintes épicos de la historia, que ayudan a construir un relato mucho más efectista de lo que podría conseguir una serie ambientada en nuestro tiempo. Como sabéis, Juego de Tronos se ambienta en un espacio y en un tiempo alejados de nuestra realidad, pero que beben de unos imaginarios que nos resultan familiares.

Igual que la colección de novelas en las que se inspira –Canción de hielo y fuego, de George R. R. Martin–, la serie encaja en lo que se suele llamar «fantasía histórica», un subgénero que toma como referente un tiempo histórico, especialmente la Edad Media, y lo entremezcla con elementos fantásticos: dragones, magia, seres no humanos (trolls, elfos, gigantes), etc.

Es cierto que en Juego de Tronos el barómetro de fantasiosidad y, sobre todo, de idealización no alcanza cotas tan altas como en otras obras del género tipo Willow (1988) o la trilogía de El señor de los anillos (2001-2003), lo cual la hace parecer más medieval, más real. Y de hecho una buena parte del atrezzo y de los referentes están extraídos directamente de la Edad Media.

Juego de Tronos: fantasía medievalizada.

Pero lo que me interesa resaltar en este post es que, puntualmente, se indaga un poco más en el tiempo y se utilizan escenografías que nos remiten a la Antigüedad.

Por ejemplo, ¿os acordáis de Qarth, la ciudad de los mercaderes, a la que Daenerys Targaryen llega hecha unos zorros en la temporada 2? El lugar es un claro pastiche de referentes que evocan lo oriental en general –el oasis en pleno desierto, el comercio, la riqueza oculta– y lo antiguo-oriental en particular: el aire mesopotámico, una suerte de jardines colgantes, la vestimenta de sus habitantes… Incluso algunos fotogramas parecen reproducir el imaginario construido en el siglo XIX sobre el mundo oriental antiguo. Por cierto,que «qart» en fenicio significa «ciudad» (de ahí Cartago, Cartagena…).

Vista de Qarth al abrirse las murallas.
Dido construye Cartago, de Turner, 1815.

Más reconocible es Braavos, la más poderosa de las Ciudades Libres, famosa por su Titán, claramente inspirado en el Coloso que daba la bienvenida a la ciudad griega de Rodas, del cual solo tenemos algunas descripciones de época antigua y algunos grabados de siglos posteriores.

El Titán de Braavos.
Grabado del Coloso de Rodas, por Marten van Heemskerck, s. XVI.

En su camino iniciático para llegar a ser Maestre, Sam, el gran amigo de Jon Snow, llega a Antigua, una ciudad portuaria presidida por un gran faro y famosa por contener la biblioteca más rica del mundo conocido. ¿Os suena de algo? Así es: Antigua es Alejandría.

El Faro de Antigua.
Recreación virtual del Faro de Alejandría.

No menos antigua es Meereen, sede del poder de la Khaleesi, en la que se entremezcla lo oriental –calles sinuosas con casas blancas– con pirámides mesoamericanas, y cuyo reñidero es una clara adaptación de un anfiteatro romano, tanto en su forma como en lo que se desarrolla en su interior.

El reñidero de Meereen.
Vista aérea del Coliseo, el anfiteatro romano más grande y conocido del mundo romano.

Aunque en todos estos casos lo que se hace es tomar un referente antiguo para adaptarlo y attrezzarlo al gusto juegotronesco, también encontramos en la serie escenarios antiguos sin maquillar, como las ruinas de la ciudad romana de Itálica (Sevilla), que hacen las veces de Pozo Dragón, el lugar de Desembarco del Rey que sirve para el encuentro cara a cara entre Cersei Lannister y Daenerys Targaryen.

Las ruinas de Itálica en Desembarco del Rey.

Incluso más allá de los escenarios, algunos personajes y pasajes pueden hacernos pensar en ciertos referentes antiguos, como el joven Joffrey Baratheon, asimilable al arquetipo del emperador romano cruel y despiadado por la concentración de poder, o Viserys Targaryen, quien, como el aristócrata romano Craso, muere por sus ansias de riqueza de una manera atroz: abrasado por oro fundido.

¿Nos deparará la nueva temporada otras alusiones al pasado antiguo? El próximo 15 de abril lo sabremos…


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