La UEFA Champions Greek

Ahí donde lo veis, tan salvaje y tan dado al abanderamiento del lado más visceral de la condición humana, el fútbol puede ser un gran aliado de la arqueología. Entiéndase, claro, no en un sentido intelectualoide o empírico, ni tan siquiera en clave de esponsorización, sino en algo mucho más básico y poderoso.

Penalti a lo Panenka en el Ágora.

Hablo de la difusión y afianzamiento de imágenes rescatadas directamente del pasado. Ya os hablé en una ocasión de cómo algunos hooligans se pirran por el pasado y se apropian, a lo Rosalía, de simbología y estética antigua, poniendo sobre la mesa algunos de los clichés más manidos sobre las culturas antiguas.

Pero la cosa no queda solo ahí, en la grada, entre las masas enfurecidas. También en el plano institucional son muchos los equipos de fútbol que introducen en sus escudos y emblemas iconos alusivos al pasado. Y aunque la mayoría tienen que ver con banderas y heráldicas de épocas recientes, tampoco falta la iconografía antigua.

Seguro que si googleáis un poco en vuestra archivos mentales de cultura futbolera, os viene algún ejemplo. Por poneros un ejemplo, el mítico Ajax de Ámsterdam, llamado así en honor del héroe griego Áyax, uno de los protagonistas de la Guerra de Troya [por si os ha surgido la duda mientras leíais la frase anterior: sí, también el detergente Ajax se refiere a este personaje]. El escudo reproduce, además, un perfil pericliano que refuerza la idea.

Tampoco hace falta irse tan lejos. El Hércules de Alicante, por ejemplo, combina la cabeza laureada con otro gran nombre –y hombre– de la mitología clásica: Heracles o Hércules, famoso mundialmente por su empeño en superar todas las pruebas que le impuso la diosa Hera [por si la coincidencia entre Hera y Heracles os ha hecho pensar por un instante en una relación directa entre ambos personajes, estaos tranquilas: sí, Heracles significa «gloria de Hera»].

En la mayoría de casos se trata, en efecto, de alusiones a héroes o dioses que representan virtudes como la fuerza, el tesón y la habilidad, las cuales, no hay duda, vienen de perlas para idealizar la figura del jugador de fútbol totalmente entregado a la causa. Y, por supuesto, siempre –o casi siempre– son hombres, porque ya sabemos que el deporte rey es cosa de muchachotes.

Podéis imaginaros que los equipos de países como Grecia e Italia se llevan la palma en esto de recurrir al pasado. Y no vais mal encaminadas. A los griegos, que llevan más de dos mil años enamorados de sí mismos, les encanta recrearse en sus símbolos más universales. Desde cabezas anónimas coronadas con laureles, auténticas metáforas de la victoria, hasta las propias divinidades del Olimpo.

Los italianos, que no pueden –ni quieren– ser menos que sus vecinos helenos, gustan de recurrir a lo que verdaderamente les diferencia: el carácter imperial. La mejor representación la encontramos en la capital, donde los dos principales equipos, la Roma y la Lazio, eternos rivales dentro y fuera del campo, exhiben simbología imperial. Uno con la Loba Capitolina amamantando a Rómulo y Remo, y otro con el águila imperial.

Todo esto os lo contaba por una cosa concreta, y es que recientemente se difundió en los medios que el Valencia CF, a priori al margen de este tipo de equipos pro-pasado, ha firmado un acuerdo de patrocinio con la marca de ropa deportiva Puma. Y, para celebrarlo, Puma ha lanzado una campaña de marketing llamada Valentia. Es decir, el nombre romano de la actual València.

No contentos con eso, la marca alemana ha creado un press kit en el que se combina la simbología de la antigua ciudad con algunos elementos de la cultura visual futbolística. Así, la caja incluye un pañuelo naranja con una cornucopia o cuerno de la abundancia –emblema de la ciudad– de la que brotan balones de fútbol y las flechas típicas del diseño de tácticas; un tarjetón donde se alude a la fundación de la ciudad por los romanos en el 138 a. C. –y otras cosas más vetustas como decir que el fútbol «es cosa de valientes»–; y el elemento estrella: un par de monedas que toman como referencia los modelos antiguos hallados en las excavaciones de la ciudad, y fundiéndolos con el logotipo de Puma y con la leyenda «Valentia – Desde 138 a. C.»

Aunque os parezca anecdótica, esta estrategia de marketing puede conseguir lo que la arqueología a menudo no consigue por sí misma: no solo dar a conocer algunos símbolos y datos referidos al pasado antiguo, sino hacer que se conviertan en algo familiar para miles de aficionados a los que esa información nunca llegaría a través de otras vías.

¿Es o no es el fútbol un potencial aliado de la arqueología?