Metidas de pata monumentales

¿Es o no el fútbol un potencial aliado de la arqueología? Posts atrás planteaba esta pregunta de manera retórica y en apariencia naïf para poner sobre la mesa un tema clave: que el fútbol puede llegar a ser positivo para la arqueología. ¿Me desdigo hoy? La verdad es que no, pero tengo que contaros una cosa al respecto.

La idea básica de aquel texto era que hay unos cuantos equipos de fútbol que utilizan como emblema iconos del pasado (el Áyax de Amsterdam, la Roma, el Hércules CF), y que esto ayuda a hacer familiares esos símbolos. Otra cosa es que eso derive o no en un interés o curiosidad por ir más allá de la referencia. Pero ya es un punto de partida.

Os hablaba, además, del caso concreto del Valencia CF, que recientemente ha lanzado una campaña de marketing titulada Valentia, a través de la cual apela al pasado romano de la ciudad y a algunos de sus símbolos.

La campaña ha ido un poco más allá del nombre y del press kit temático, y hace apenas unos días se presentó a los medios la nueva equipación. Siguiendo la lógica marketiniana, el lugar no podía ser otro que el centro arqueológico de L’Almoina, que custodia los restos de la antigua ciudad romana.

Hasta aquí todo bien. Es más, diría que era una fantástica idea. No solo coherente con su discurso de vincular el presente con el pasado, sino además interesante por acercar, aunque sea simbólicamente, un espacio seguramente desconocido para la mayor parte de la afición valencianista.

Imaginaréis que en todo esto hay un pero, y así es. Si no estáis al día de la polémica, conviene que veáis primero las imágenes de la presentación.

Por las caras sonrientes de los jugadores y el frenesí de smartphones capturando la instantánea, parece que no había ni un alma en el recinto que pensase que estar subidos a los muros fuese una equivocación. ¿Es que nadie va a pensar en los pobres arqueólogos diciendo «no se puede»?

Opinaréis, tal vez, que a los muros no les va a pasar absolutamente nada por soportar durante unos minutos a una decena de personas. Total, si han aguantado dos mil años… Pero la cosa no va por ahí, sino más bien por el mal ejemplo que se está dando a la afición del Valencia CF. Porque, después de esto, no es solo que nadie se vaya a acordar de los arqueólogos rechistando, sino que subirse al muro puede llegar a ser motivo de celebración. ¿Por qué no hacerlo si los jugadores del Valencia lo hacen?

Esa irresponsabilidad con el patrimonio local no tardó en convertirse en polémica. En las redes sociales se enzarzaron defensores, sobre todo seguidores del Valencia CF para quienes los restos arqueológicos no son más que cuatro pedruscos, y detractores, principalmente gente que se dedica a la gestión patrimonial o está sensibilizada con el tema. El propio ex-director de L’Almoina ha criticado la iniciativa del equipo de fútbol.

Esta situación es resultado de muchos tipos de torpezas y carencias. La primera, muy clara, es la falta de sensibilidad patrimonial. Pero también está la limitadísima experiencia que hay en España a la hora de mezclar patrimonio y ámbito privado.

En otros países, como en Italia, el fenómeno es mucho más habitual, y aunque no esté exento de crítica, hay grandes marcas –sobre todo de moda– que no solo se vinculan a determinados espacios patrimoniales como parte de su identidad, sino que destinan grandes cantidades de dinero para su restauración. Por su propio interés, obviamente; pero también hay un impacto positivo para el conjunto de la ciudadanía.

¿Podrían seguir los equipos de fútbol una línea similar? ¿Qué pasaría si, por ejemplo, el Valencia CF iniciase una política de marketing que fuese más allá de la referencia al pasado y contribuyese de manera directa a su recuperación? Es un debate complicado que levanta muchas ampollas, pues supone la intromisión del ámbito privado en algo que es público por definición.

Lo cierto es que la cosa parece estar lejos de la realidad. No solo, en el caso del Valencia CF, porque el gesto poco respetuoso de subirse a los muros deja claro que, en esa política de marketing, el patrimonio no es más que un escenario. Sino porque ha habido otros incidentes patrimoniales previos.

Aunque mucha gente lo desconozca, con motivo de la construcción del todavía inacabado estadio Nou Mestalla, se llevó a cabo una de las excavaciones arqueológicas más importantes de la ciudad de València. En ese solar aparecieron, entre otras cosas, un cruce de caminos romanos, acequias, un molino medieval y un puente del siglo XV.

Buena parte de los restos fueron desmontados con la intención de poder integrarlos en el futuro estadio. Pero esto nunca llegó a ocurrir porque nunca se formalizó un acuerdo. Y –ojalá me equivoque– no parece que vaya a llegar a ocurrir, dado el estado del estadio y la falta de sensibilidad que comentaba antes.

Paradojas de la vida, el entonces flamante proyecto del Nou Mestalla va camino de convertirse hoy en una nueva ruina arqueológica. Eso sí, una ruina que despierta mucho más interés que las de L’Almoina.


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